Autor: Elizabeth Gaskell
Traducción: Ángela Pérez para Alba editorial
Editorial: Rba - Novelas eternas
N de Páginas: 426
I.S.B.N.: 9788413296203
Año: 2020
A través de la historia de Margaret Hale, una joven del Sur de Inglaterra que por circunstancias familiares se ve obligada a trasladarse al Norte, a la ciudad industrial de Milton -un trasunto apenas disfrazado de Manchester-, Elizabeth Gaskell plasma de forma magistral los conflictos sociales y políticos derivados de la Revolución Industrial en la Inglaterra de mediados del siglo XIX. Para la heroína, el Sur donde ha nacido simboliza el idilio rural, el triunfo de la armonía social y el decoro; frente a él, el Norte es sucio, rudo y violento. Sin embargo, a medida que va penetrando en ese nuevo mundo y sus distintos estratos —desde Bessy, la joven obrera enferma y su padre, líder sindical, hasta John Thornton, dueño de una fábrica textil, por quien siente una creciente atracción—, tendrá que ir corrigiendo sus prejuicios; y, del mismo modo, su condición de mujer subordinada evolucionará hacia una madura aceptación de sí misma y de sus sentimientos.
Norte y Sur fue mi primer encuentro con Elizabeth Gaskell y terminé completamente enamorado de su forma de escribir y, sobre todo, de sus personajes. Qué manera de sorprenderme con tan atrapante y conmovedora novela a la que algunos le llaman: La orgullo y prejuicio de la revolución industrial.
Desde las primeras páginas sentí una conexión especial con su protagonista: Margaret. Me cautivó su sensibilidad, su fortaleza, el amor con el que cuida a sus padres y esa capacidad de adaptarse a un entorno ajeno al suyo sin perder su esencia. Gaskell la construye con una delicadeza extraordinaria que nos permite descubrir, junto a ella, una realidad social que al principio observa con ciertos prejuicios.
Margaret llega al Norte desde un origen opuesto. Helstone representa para ella una vida pacífica, ligada a la naturaleza y a costumbres familiares; Milton, en cambio, es puro ruido, humo, fábricas, movimiento constante y una sociedad transformada por la industrialización. Ahí radica una de las grandes virtudes del libro: la autora no utiliza este contraste solo como escenario, sino para confrontar dos formas distintas de entender la vida.
«...Tengo que dejarme llevar a veces. No, no lo haré -dijo poniéndose en pie de un salto—. No lo haré, no seguiré pensando en mí misma y en mi situación. No analizaré mis sentimientos. Sería inútil ahora. Algún día, si llego a vieja, me sentaré junto al fuego y analizaré cómo podía haber sido mi vida, mirando las brasas».
Lo que terminó de conquistarme fue que la historia no se queda en el romance. Gaskell mete de lleno al lector en una sociedad transformada por la Revolución Industrial: las fábricas, las diferencias de clases, los trabajadores, los patronos y los conflictos que surgen entre ellos. Y lo hace sin convertir a nadie en un simple “bueno” o “malo”. A través del sindicalista Higgins, su hija Bessy y otros personajes, la tensión social adquiere rostro y se vuelve profundamente humana. La pobreza, el trabajo y las huelgas dejan de ser conceptos y pasan a ser personas con las que sufrimos, nos enojamos y nos conmovemos. Aunque la obra encierra un romance precioso, reducir la trama a ese eje omitiría su verdadero trasfondo.
«Yo también cambio perpetuamente, tan pronto de una forma como de otra, ahora decepcionada e irritable porque no es todo como lo imaginaba, y luego de pronto descubro que la realidad es mucho más bella de lo que imaginaba. ¡Oh, Helstone! Nunca amaré otro lugar como a ti»
También debo destacar la presencia de la fe cristiana. Si bien al comienzo de cada capitulo nos encontramos con un fragmento de poesía, lo cierto es que la religión atraviesa todo el relato y está muy ligada a la manera en la que Margaret entiende el mundo. Gaskell incorpora de una bella manera reflexiones y referencias bíblicas que ayudan a comprender su mirada sobre la compasión, el deber y la dignidad humana. Y ahí creo que está el corazón de la obra: que el valor de una persona no depende del lugar que ocupa en la sociedad, sino de cómo trata a los demás.
Es imposible no rendirse ante la sensibilidad de la autora para retratar la condición humana. Impresiona su capacidad para describir silencios, gestos y emociones. Su estilo combina la dulzura narrativa con una sutil ironía que infunde vida a los personajes. Al ser mi primera vez con Gaskell, comprendo perfectamente su prestigio. Su escritura genera una cercanía tan íntima que, aun cuando podamos discrepar con las decisiones de los protagonistas, sus motivaciones resultan comprensibles.
Terminé el libro con la sensación de querer mas. Disfruté tanto que me habría quedado acompañando a Margaret, Thornton y a todos esos seres con los que me encariñé y que terminé sintiendo tan cercanos. Milton transformó la perspectiva de Margaret y su forma de ver a los demás. Y yo también terminé mirando con otros ojos a todos estos maravillosos personajes, plenamente inmerso en esta inolvidable historia. Sin dudas, se convirtió en mi mejor lectura en lo que va del año y se lleva sus merecedísimas cinco estrellas.
Mi calificación para este libro es: 5/5



